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El Estadio Azteca III
Domingo 4 de Abril del 2010
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BUSCANDO LOS TERRENOS PERFECTOS
Una vez aceptado el planteamiento de la construcción de un nuevo estadio en el Distrito Federal, se tenía que dar el siguiente paso: la búsqueda de los terrenos ideales para su construcción. La decisión no fue fácil. Se buscaba ante todo una buena ubicación que permitiera en corto plazo un desplazamiento idoneo para los aficionados ya sea en transporte público como en automóvil propio. El terreno debía de ser sólido y de gran magnitud pensando en el desarrollo aledaño al mismo estadio como era zona de estacionamiento y comercios alternos.
Se buscaba una zona segura y con vialidades importantes y de preferencia que estuviera al sur de la ciudad por considerarse de clase media en contínuo desarrollo que pudiera incrementar a futuro la plusvalía del inmueble mismo. Se buscaron una serie de alternativas y por fin, se decidió por los terrenos ubicados en la zona de Santa Ursula, justo al sur del pueblo del mismo nombre. Rodeado por dos vías muy importantes como son Tlalpan y Periférico, el cual se tendría que ampliar en cerca de 10 kilómetros no sólo para favorecer la viabilidad al Azteca, sino para apoyar a las zonas urbanas vecinas de lo que sería el nuevo coloso del futbol nacional, también se contaba con la cercanía de Acoxpa, Canal de Miramontes (que comenzaba a ser entubado) e Insurgentes.
EL CONCURSO
Una vez realizada la compra de los terrenos, se lanzó un concurso por el creado Futbol del Distrito Federal, que aglutinaba al América, Necaxa y Atlante para determinar quien sería el arquitecto idoneo de concretar la magna obra.
Tomaron parte tres eminentes arquitectos cada uno con sendos proyectos de gran magnitud y enorme significancia:
Félix Candela, español naturalizado mexicano, Enrique de la Mora, mexicano egresado de la Escuela Nacional de Arquitectura y Pedro Ramírez Vázquez, arquitecto mexicano egresado de la UNAM, de basta experiencia y obras de gran relevancia.
Todo indicaba que Candela ganaría, su proyecto resultaba sublime, pero no contaron con el as bajo la manga de Pedro Ramírez Vázquez quien presentó un proyecto conjunto con su amigo y colaborador el arquitecto Rafael Mijares. La maqueta, impactó de sobremanera a los presidentes de los equipos interesados: Guillermo Cañedo (América), José Manuel Nuñez (Atlante) y Julio Orvañanos (Necaxa) y al Presidente del Futbol del Distrito Federal, el Sr. Emilio Azcárraga Milmo por un motivo que no tenían las otras maquetas: un techo volado, sin pilares o cualquier otro elemento que estorbara la visibilidad de los espectadores y que sí garantizaba que gran parte del público disfrutaría de los partidos sin mella de las inclemencias del tiempo y la garantía de máxima visibilidad a la cancha desde cualquier punto de palcos, plateas o gradas.
Inmediatamente se procedió a dar inicio con la magna obra. A finales del año 1962 se colocó la primera piedra. Se dio como plazo cuatro años para que el proyecto, tan altamente codiciado, concluyera en feliz término. Hacia 1966, México contaría con el estadio más moderno del mundo. Era sólo cuestión de esperar...