Martín del Palacio

Indescriptible

Jueves 17 de Junio del 2010



La verdad es que no sé muy bien qué escribir. Pasé el partido temblando de los nervios. No sé por qué me pongo así cuando juega México. Yo, que presumo de poder analizar los partidos, de ver el futbol con un ojo en el partido y otro en el pizarrón, pierdo totalmente la objetividad cuando juega el Tri un partido así. No grito, no enloquezco. Sólo lo veo y espero que no pase lo peor.

Me considero un optimista en la vida, pero un pesimista en el futbol, por más que trato de mantener la calma en lugar de lanzarme al ataque cuando mi equipo juega mal. Siempre estoy esperando el momento en que algo salga mal. Pero hoy en Polokwane, México me dio una lección y también a muchos otros que dudaban. Javier Aguirre sabe más que nosotros, así de fácil. Y qué bueno que así sea.

Con todo, creo que puedo hacer una lectura de las razones por las que ganó México. Jugar ante Francia como contra Sudáfrica era un suicidio. Si Aguirre hubiera lanzado a los laterales al frente con la misma alegría que en el juego inaugural, Ribery y Malouda se hubieran hecho un festín a sus espaldas. Por eso Javier apostó por Osorio en lugar de Aguilar y decidió defender mucho más atrás. La entrada de Moreno en la central fue para rebotar los centros diagonales que obviamente iban a llegar con ese planteamiento.

En consecuencia, defensivamente, México nunca estuvo en peligro. Por una vez, los nuestros sacrificaron la posesión por la velocidad. Y Domenech, con lo mal técnico que es, nunca se lo esperó, y no supo como ajustar. Los nuestros siempre estuvieron cómodos y los franceses jamás tuvieron tiempo para pensar.

Hay que destacar el gran trabajo de Rafael Márquez en la recuperación del balón. Incluso sin estar tan fino como de costumbre, el Capitán fue una barrera frente a un Ribery que sufrió muchísimo lejos de la banda. Gerardo Torrado fue el perro de presa de costumbre. Juárez corrió todo el terreno y Guillermo Franco cumplió un papel importantísimo reteniendo el balón y desgastando a los centrales.

Óscar Pérez mostró la seguridad que tanto le había faltado ante Sudáfrica. Los centrales estuvieron impecables. Hernández entró enchufadísimo y Pablo Barrera mostró que debió haber jugado el partido inaugural. Incluso Cuauhtémoc tuvo la oportunidad de hacer lo que mejor sabe y lo resolvió como el viejo lobo de mar que es.

Me quedo, sin embargo, con dos nombres. El primero es Carlos Salcido. El lateral izquierdo jugó el mejor partido de su carrera. En defensa fue impasable y volvió locos a Sagna y Evra cuando atacó. El segundo es Gio dos Santos. No tuvo los espacios del primer partido, pero su trabajo fue indispensable. A la ofensiva mantuvo ocupados todo el tiempo a Toulalan y Diaby, abriendo espacios para los demás, y en defensa ganó innumerables balones llegando por sorpresa por atrás.

Pongamos pausa a la táctica y regresemos con la emoción. Nunca me había sentido más orgulloso de un esfuerzo colectivo de México como hoy. Nunca pararon de correr. Nunca dieron una pelota por perdida. Era increíble ver cómo los franceses se encontraban rodeados por mexicanos. Fue un orgullo también que nunca perdieron la calma, nunca se desordenaron. México suele sufrir de lapsus de concentración. No esta vez.

Para terminar, dos reflexiones. La primera, tenemos, en serio, que bajarle a la histeria. Ya lo he dicho mil veces, pero es que cada vez es peor. En la semana tras el empate ante Sudáfrica, la prensa se empeñó en inventar rumores, los aficionados en dar pronósticos pesimistas y el país entero entró en una psicosis colectiva ridícula cuando apenas se había jugado un partido del Mundial.

Y, en el mismo tenor, hay que evitar el triunfalismo de costumbre. Se ganó un partido. El más importante en la historia de México. Y nuestra Selección invita a soñar. Hay que celebrarlo a fondo. Pero si después empatan con Uruguay no nos volvamos locos. Javier Aguirre sabe más que nosotros, estaría bien recordarlo de vez en cuando.

Me pueden seguir en: http://twitter.com/martindelp



Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.
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