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Te voy a extrañar SudáfricaViernes 16 de Julio del 2010
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Ya me voy Sudáfrica...
Voy a extrañar la impresión de conocer por primera vez la gran ensaladera del Soccer City, su presencia constante y su larguísima rampa para llegar a la tribuna de prensa.
Voy a extrañar el peso de la historia que te aplastaba con el simple
hecho de entrar al Ellis Park, y el extraño pero agradable estadio de
Pretoria, que tomó formas más bien mutantes tras su remodelación.
Voy a extrañar el frío incoherente y las toneladas de ropa que uno tenía
que llevar encima en las noches más frías de Johannesburgo. Voy a
extrañar a los niños entrando a los estadios con un brillo
indescriptible en los ojos y esa sensación de saber que todos los
presentes estaban viviendo uno de los mejores días de su vida.
Voy a extrañar el Eslovaquia-Italia, que para mí fue el mejor partido
del Mundial, con una exhibición táctica absolutamente espectacular. Voy a
extrañar esa épica y tensionante batalla entre Paraguay y Japón que
parecía no iba a terminar nunca y el inicio de la traición naranja ante
Brasil.
Voy a extrañar el desgarrador llanto de Óscar Cardozo después del
epiléptico Paraguay-España y el temple de Gyan para tirar el primer
penal de la serie luego de fallar el del triunfo en el último minuto del
tiempo extra. Voy a extrañar la forma en que todos los africanos se
unieron en apoyo a Ghana y el poema de Abreu que apagó las vuvuzelas con
una caricia en el penal definitivo en los Cuartos de Final.
Voy a extrañar los golazos de Gio van Bronckhorst, de Forlán (que le
agarró la onda al Jabulani como pocos), aquella obra de arte de
Quagliarella, el balazo del “Chicharito” que reflejó toda la furia que
vivía México en ese momento. Voy a extrañar al Jabulani saltarín y
juguetón, a los porteros yendo hacia el otro lado del que iba el balón.
Voy a extrañar el atajadón de Casillas en la Final y el fúrico gol de
Puyol en la Semi.
Voy a extrañar ese apretón de corazón al escuchar el Himno Nacional, la
cachetada del gol de Tevez marcado en el fuera de lugar más claro del
torneo y la soberbia de Maradona en la conferencia de prensa posterior.
Voy a extrañar a Zakumi festejando en las pantallas cada vez que había
gol, y la tapita que llevaba en la bolsa de la chamarra para tapar las
cocas que se vendían sin ellas.
Voy a extrañar la necesidad de ver
el adaptador de corriente como un objeto preciado y la acreditación
raspándome el cuello 18 horas al día. Voy a extrañar el eterno peso de
mi mochila donde se apretujaron laptop, cámara, flip, cargadores,
bufanda, gorro, guantes, audífonos, mouse, pilas, chocolates, hojas de
información y todo lo que entrara.
Voy a extrañar la unanimidad histórica de los ingleses en el centro de
prensa al decir “sixty six” como acto reflejo en cuanto la repetición
desnudó que el árbitro se había comido un gol que picó un metro dentro.
Voy a extrañar la felicidad de los norteamericanos con el gol de Donovan
en el último minuto, y los festejos locales cuando Ghana echó a los
estadounidenses.
Voy a extrañar a Trish, nuestra noble anfitriona
que nos trató como si fuéramos su familia y a Vale que nos guíaba cada
vez que lo necesitamos. Voy a extrañar a los perros arrugados que nos
recibían bufando en la casa que fungió como centro de operaciones, sin
importar que fueran las 4AM.
Voy a extrañar los amplísimos highways de Johannesburgo y el lío que fue
el cambiar las velocidades con la zurda al manejar del otro lado; salir de casa todas las mañanas, dar vuelta a la izquierda y
luego a la derecha, con esa sensación de no saber de qué lado vienen los
coches.
Voy a extrañar a Martita, nuestro GPS que recibía más insultos que un
árbitro, sobre todo cada vez que con absurda insistencia nos llevaba por
esa carretera inhóspita que bautizamos como “la del infierno”, en la
que no se veía nada y al terminar cada subida parecía que ibas a un
barranco sin fondo.
Voy a extrañar el “zapatito”, nuestro Suzuki rentado que aguantó vara
como un jeep de la segunda guerra a cambio de una voracidad
interminable con la gasolina. Voy a extrañar la incertidumbre cada vez que
comprábamos un nuevo sabor de papas fritas o botana desconocida.
Voy
a extrañar el pequeño pero bonito estadio de Rustenburgo y el pueblo de
tierra roja donde se enclava. A los mexicanos en camiones y autos rumbo
al juego, a grupos de 30 playeras verdes formaditas y de espaldas
orinando junto a la carretera y los cláxones sonando en la casetas.
Voy a extrañar la mágica ciudad de Durban, su maravilloso estadio que
compite por ser el mejor del mundo y por dentro da la sensación de estar
en un auditorio. Su acuario, sus anchas playas, el malecón que te deja
en las puertas del coloso y las esculturas de arena que hacen los
lugareños esperando una moneda.
Voy a extrañar las ráfagas que disparaban los fotógrafos a la vez y el tiqui-tiqui de los teclados de las computadoras capturando en vivo en las conferencias de prensa, el no saber qué idioma habla el de al lado y ese repetir de palabras del zulú.
Voy a extrañar el mercado de
pulgas, su olor a maderas y la cantidad de cosas que uno quiere traerse
de esa mágica tierra sudafricana. Voy a extrañar la música rítmica por
todos lados y el baile automático que genera en este pueblo. Voy a
extrañar Pillanesburg, el parque nacional donde 30 elefantes de todas
edades y tamaños, se pasearon a siete metros de nuestro auto mientras
iban arrancando y devorando hojas de los árboles.
Voy a extrañar
la casa de Ghandi en Indaba, su mágico silencio, los niños que juegan
futbol frente a ella y el golpe de realidad que significa esa pobreza
abrumadora que la rodea.
Voy a extrañar la electricidad que atravesó mi cuerpo al ver a Mandela aparecer dos minutos en la ceremonia de clausura y el amor que le profesaba su gente. Voy a extrañar el esfuerzo que hace Sudáfrica por acabar con esos vestigios del Apartheid..
Voy a extrañar ese grupo de niños que sin esperar
nada más que una sonrisa, se apostó en el aeropuerto y cantando,
agradecieron a todos los que partían tras terminar el Mundial.
Voy a extrañar el Mundial irreverente.
Hasta pronto Sudáfrica… ya me haces falta.
Walter González
Editor General