Maca

El premio a la mediocridad

Miércoles 13 de Mayo del 2009



Los aficionados al futbol solemos debatirnos entre lo que sabemos que nuestro equipo merece y el deseo de seguir adelante sin que importe mayormente la decepción de recientes compromisos. Un triunfo ante un rival odiado o un boleto a todas luces inmerecido puede bastar para que los seguidores recuerden el valor del eterno romance con la escuadra de sus amores.

La última jornada de nuestro balompié entrega por tradición un escenario exactamente igual al mencionado. Equipos luchando por maquillar su mediocre rendimiento con un agónico pasaporte a las finales, aficionados rogando por combinaciones matemáticas complejas y directivos empecinados en asegurar que la forma no importa y que lo único trascendental es la clasificación a la liguilla.

A todo fanático le ha tocado estar en la encrucijada de apoyar sin pudor a los suyos o preferir la sentencia que deje muy en claro que quienes hoy en día visten la playera no merecen siquiera tocarla. Por lo regular, salvo contadas excepciones, el amor se impone a la razón. Los noventa minutos finales de la fase regular se convierten en un templo de súplicas y reclamos, siempre con calculadora en mano, aguardando y soñando con que un conocido enemigo haga por nuestro equipo lo que éste no pudo hacer en la cancha.

Seguidores de América y Chivas, dos de los llamados grandes en nuestro país, se vieron forzados a experimentar esa sensación el pasado fin de semana. Los de corazón azulcrema sabían que su escuadra no merecía pasar, que Chucho paró se negó a seguir evolucionando tras el Campeonato Mundial Sub 17 y que los refuerzos millonarios resultaron un nuevo derroche para la ya de por sí gastada cartera emplumada. Los segundos, estaban conscientes de que la s decisiones tomadas por la Señora Presidenta y su esposo, al parecer terminó por alterarse el orden, provocaron un declive en cuanto al rendimiento sobre el rectángulo verde y significaron un golpe rotundo para Omar Arellano hijo, quien aún siendo profesional, no pudo estar ajeno a la triste manera en que echaron de la dirección técnica a su progenitor.

El silbatazo final en sus respectivos compromisos no cumplió con el deseo inmediato, que era el de la calificación, pero sí con el de la justicia deportiva y el hecho de no reconocer a escuadras que no hicieron ni siquiera los merecimientos suficientes como para acceder a la siguiente ronda en un torneo de tan fácil acceso a la batalla por el título como el mexicano. Se quedaron fuera por las constantes equivocaciones cometidas en todos los niveles y no porque Indios de Ciudad Juárez les echara a perder la fiesta.

El premio a la mediocridad no fue alcanzado por Águilas y Chivas, pero sí por Tigres y Cruz Azul. Los felinos cayeron en el absurdo de festejar con extremo júbilo su permanencia en el Máximo Circuito, pese a que ni siquiera cumplieron con la misión de vencer al Necaxa para así garantizar su permanencia en el Máximo Circuito. La Máquina, aunque ha sido víctima de todo tipo de críticas, no recibió el lógico castigo de caer al olvido de la división de ascenso. En cambio, puede volver a realizar las típicas promesas de revolución y mejora para el próximo torneo.

Los Jaguares de Chiapas son un caso más. Es cierto que el reglamento está claro y que de eso se valieron para estar entre los ocho finalistas, pero también que los aficionados deben estar conscientes de la realidad de su equipo y de lo engañoso que resulta tener posibilidades de pelear por el título del balompié nacional.

Tú, como aficionado, ¿consideras que es positivo entregarte por completo aún sabiendo que tu escuadra no hizo lo suyo sobre la cancha? Si eres aficionado del Cruz Azul, ¿piensas que tu equipo hubiera merecido caer a la división de ascenso por su desastrosa campaña?



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